Archivo mensual: junio 2011

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Me encanta este poema de Neruda… como siempre, en función del estado en que lo leas, le das una interpretación diferente.

Es el poema XIV de 20 poemas de amor y una canción desesperada.

Juegas todos los días con la luz del universo.
Sutil visitadora, llegas en la flor y en el agua.
Eres más que esta blanca cabecita que aprieto
como un racimo entre mis manos cada día.

A nadie te pareces desde que yo te amo.
Déjame tenderte entre guirnaldas amarillas.
Quién escribe tu nombre con letras de humo entre las estrellas del sur?
Ah déjame recordarte cómo eras entonces, cuando aún no existías.

De pronto el viento aúlla y golpea mi ventana cerrada.
El cielo es una red cuajada de peces sombríos.
Aquí vienen a dar todos los vientos, todos.
Se desviste la lluvia.

Pasan huyendo los pájaros.
El viento. El viento.
Yo sólo puedo luchar contra la fuerza de los hombres.
El temporal arremolina hojas oscuras
y suelta todas las barcas que anoche amarraron al cielo.

Tú estás aquí. Ah tú no huyes.
Tú me responderás hasta el último grito.
Ovíllate a mi lado como si tuvieras miedo.
Sin embargo alguna vez corrió una sombra extraña por tus ojos.

Ahora, ahora también, pequeña, me traes madreselvas,
y tienes hasta los senos perfumados.
Mientras el viento triste galopa matando mariposas
yo te amo, y mi alegría muerde tu boca de ciruela.

Cuanto te habrá dolido acostumbrarte a mí,
a mi alma sola y salvaje, a mi nombre que todos ahuyentan.
Hemos visto arder tantas veces el lucero besándonos los ojos
y sobre nuestras cabezas destorcerse los crepúsculos en abanicos girantes.

Mis palabras llovieron sobre ti acariciándote.
Amé desde hace tiempo tu cuerpo de nácar soleado.
Hasta te creo dueña del universo.
Te traeré de las montañas flores alegres, copihues,
avellanas oscuras, y cestas silvestres de besos.

Quiero hacer contigo
lo que la primavera hace con los cerezos.


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Empatía o reflejo?, originalmente cargada por rutroncal.

Es corriente escuchar con cierta frecuencia qué es la empatía… e incluso definirla y saber qué es lo que conlleva, pero cuando te pones a hablar con la gente… una cosa es hablar de empatía y otra muy distinta es practicarla.

Empatía podemos definirla como la capacidad para ponernos en la piel y en la situación de otra persona (pensamientos, emociones, etc…), supone comprender, pero no significa que lo aceptemos… y esto es fundamental que lo distingamos.

Lo que ocurre que nos confunde, es que con la gente con la que conectamos a la primera, nos identificamos y son parecidos a nosotros,… pensamos que “empatizamos” y eso nos lleva a pensar que tenemos esa habilidad. La cuestión es que no empatizamos, conectamos, por que nos identificamos, en realidad somos un reflejo y estamos viendo la situación desde nuestras gafas, lo que ocurre es que tenemos una graduación parecida y por eso podemos ver las cosas como nuestro interlocutor.

En realidad hay 4 posiciones perceptivas de la empatía.
1ª) desde el yo.- sería la posición de “juez”, la que calibraríamos y analizaríamos la situación desde nuestra situación y “nuestras gafas”. Es cuando utilizamos las famosas frases del “yo que tú”… “pues si yo estuviera en tu lugar…” Obviamente, no estamos poniéndonos en la situación del otro.
2ª) desde el tú.- sería el comienzo de la empatía. Me pongo en tú lugar y trato de analizar la situación desde tu punto de vista, con tus habilidades, recursos, planteamientos… me pongo en tu piel, lo que no significa que apruebe o esté de acuerdo con lo que esté comprendiendo.
3º) desde el observador.- como si fuera un investigador, analizo los efectos colaterales y empatizo no sólo desde el tú, sino que te ayudo a ver a quién puede estar afectando directamente la situación (me cuentas un problema de pareja y puedo analizar también la posición de tu marido/mujer, o con respecto a un compañer@, etc)
4º) desde el sistema en el que te encuentras. Todos formamos parte de un sistema y se analiza a nivel de equipo, familia, etc… según el caso.
Evidentemente, esto conlleva un nivel de abstracción que ha de ir creciendo conforme “subamos de nivel”.

Practicar la empatía “de verdad” supone tratar de ponernos en la piel de personas diferentes a nosotros, con otros valores y creencias y con posiciones distintas.

¿Os animais a hacer el siguiente ejercicio?

Escala De Quincey de Empatía

Explora los límites que tiene tu capacidad de ponerte en el lugar de otra persona.
A continuación verás una lista de conductas de distinta naturaleza, acompañadas del punto de vista desde el cual debes intentar mirarla.
No se trata de expresar tu aprobación o rechazo a las conductas mencionadas, si no de descubrir hasta que punto eres capaz de dejar en pausa todo lo que crees y sientes.
Si alguna de las situaciones descritas coincide con tu forma de pensar, pasa a la siguiente.
Sugerencia: imagina cada conducta e intenta describirla usando palabras de elogio según el respectivo punto de vista.
1.El boxeo como una práctica deportiva
2.El colegio como una escuela de adiestramiento canino
3.La castidad permanente como una opción virtuosa
4.La pobreza como un estilo de vida alternativo
5.El robo como un trabajo estable y bien remunerado
6.La muerte como el fin de la existencia
7.El humano como dueño legítimo de todo lo que no es humano
8.El incesto como un comportamiento socialmente aceptado
9.El canibalismo como un placer culinario
10. El asesinato como una de las bellas artes

¿Qué escribiríais? ¿Cuál os ha costado más? ¿Que habéis descubierto de vosotr@s mism@s?


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Libro para releer, originalmente cargada por rutroncal.

Hoy quiero hablar de un libro que me hizo pensar recientemente, es el libro de “Los cuatro acuerdos” de Miguel Ruiz.

Lo tuve que leer en mi formación como “coach” y reconozco que me sorprendió, fue una lectura diferente y estoy segura que en un momento diferente de mi vida en que lo vuelva a leer encontraré cosas nuevas e interesantes para reflexionar.

El libro comienza con la siguiente cita:

«No hay razón para sufrir. La única razón por la que sufres es porque así tú lo exiges. Si observas tu vida encontrarás muchas excusas para sufrir, pero ninguna razón válida. Lo mismo es aplicable a la felicidad. La única razón por la que eres feliz es porque tú decides ser feliz. La felicidad es una elección, como también lo es el sufrimiento».
Dr. Miguel Ruiz

Trata de algo muy sencillo y complejo a la vez (como todo lo que tiene que ver con el sentido común…); son 4 acuerdos que podemos tomar con nosotros mismos y que desde luego cambiar nuestra perspectiva no sólo de nuestro yo interno sino también de cómo nos relacionamos.

A continuación os pongo unas pequeñas notas de cada uno de los 4 acuerdos y os animo a que reflexionemos sobre lo que nos aporta cada uno por separado y en su conjunto (para mi es fundamental ser capaces de integrar los 4) ¿Os parece?
– Primer acuerdo: Sé impecable con tus palabras.
Miguel Ruiz dice plantea que la mente humana es como un campo fértil en el que continuamente se están plantando semillas. Las semillas son opiniones, ideas y conceptos. Tú plantas una semilla, un pensamiento, y éste crece. Las palabras son como semillas, sólo que con demasiada frecuencia, es fértil para las semillas del miedo (nuestros temores, inseguridades, creencias,…). Todas las mentes humanas son fértiles, pero sólo para la clase de semilla para la que están preparadas. Lo importante es descubrir para qué clase de semillas es fértil nuestra mente, y prepararla para recibir las semillas del amor. El Dr. Ruiz te invita a que utilices las palabras para romper todos esos pequeños acuerdos que te hacen sufrir (esto es fundamental desde la PNL)
– Segundo acuerdo: No te tomes las cosas personalmente. De este acuerdo destacaría lo que Miguel Ruiz llama la “importancia personal”, esto es el tomarse las cosas personalmente, es la expresión máxima del egoísmo, porque consideramos que todo gira a nuestro alrededor. Durante el periodo de nuestra educación (o de nuestra domesticación como él lo llama en el libro), aprendimos a tomarnos todas las cosas de forma personal. Creemos que somos responsables de todo. Cuando te acostumbres a no tomarte nada personalmente, no necesitarás depositar tu confianza en lo que hagan o digan los demás. Bastará con que confíes en ti mismo para elegir con responsabilidad. Nunca eres responsable de los actos de los demás; sólo eres responsable de ti mismo.
– Tercer acuerdo: No hagas suposiciones. Tendemos a hacer suposiciones sobre todo. El problema es que, al hacerlo, creemos que lo que suponemos es cierto. Juraríamos que es real. Hacemos suposiciones sobre lo que los demás hacen o piensan –nos lo tomamos personalmente–, y después, los culpamos y reaccionamos enviando veneno emocional con nuestras palabras. Como ya he comentado otras veces, hay que diferenciar los hechos, de las opiniones y de los sentimientos. Sólo así podremos relacionarnos de forma adecuada y sin prejuicios.
– Cuarto acuerdo: Haz siempre tu máximo esfuerzo. Desde mi punto de vista, éste es clave para que los tres anteriores tengan sentido y no se perviertan. El Cuarto Acuerdo se refiere a la realización de los tres primeros: Haz siempre tu mejor esfuerzo. Bajo cualquier circunstancia, haz siempre tu máximo esfuerzo, ni más ni menos. Miguel Ruiz advierte también que todas las cosas están vivas y cambian continuamente, de modo que, en ocasiones, lo máximo que podrás hacer tendrá una gran calidad, y en otras no será tan bueno, por lo que si siempre haces tu máximo esfuerzo, no te juzgarás a ti mismo en modo alguno. Y si no te juzgas, no te harás reproches, ni te culparás ni te castigarás en absoluto.

El libro es curioso, habla de “mitotes”, dioses, magia, magos,… es cultura tolteca. Os lo recomiendo, pero siempre con mente abierta…


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Arbol de aprendizaje, originalmente cargada por rutroncal.

Esta es una técnica que utilizamos en los cursos cuando duran más de una jornada, sirve para resumir y reubicar los conceptos, pero al mismo tiempo les abre la mente a los participantes.

Hemos de ser conscientes de que nuestro cerebro de los 900 datos/sg que percibe, sólo procesamos de 4 – 9, datos procesados de forma condicionada por nuestras motivaciones, intereses, preocupaciones, etc…, es decir, pasan por un filtro importante.

Por lo que cuando asistimos a un curso de formación (o a una reunión, una entrevista, una charla, …) o nos juntamos con alguien y mantenemos una conversación, nos acordamos después de aquello que ha pasado y superado ese filtro.

Es enriquecedor comenzar una siguiente sesión recordando lo visto anteriormente, pero que no sea el formador/a quien haga ese resumen, sino los propios participantes.

Les podemos invitar a reflexionar con unas preguntas:
– ¿Qué te gustó más?
– ¿Qué recuerdas?
– ¿Qué te sorprendió?
– …

Y con la ayuda de unos post-it o tarjetas, podemos hacer que todos aporten esas respuestas que han escrito y compartirlas con los demás… Serán las hojas de nuestro árbol de aprendizaje.

Entre todos recordarán el 90% (o más) de lo que se vió el día anterior, de una manera dinámica, amena y enriquecedora.

Asimismo, podemos utilizar este mismo principio con nuestros colaborador@s, jefes, compañer@s, pareja, amig@s, hij@s, etc… puesto que he de tener presente que “Mi mapa no es el territorio” y que todos tenemos parte del mapa de la realidad y por tanto, recuerdos diferentes de una misma situación.
Compartir es vivir…


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Q se necesita xra abrir una puerta?, originalmente cargada por rutroncal.

Las puertas cerradas ¿qué significan para nosotros? ¿qué necesitamos para abrirlas? ¿cuándo vemos una puerta cerrada pensamos en otros caminos que no sean el cruzar esa puerta? ¿planteamos todas las opciones? ¿nos “rendimos”?

Ante los obstáculos podemos reaccionar de diferentes maneras, desde quedarnos sentados esperando que el obstáculo desaparezca, rodearlo ignorando su existencia o superarlo como sea…

No quiero reflexionar sobre este hecho, me gustaría que pensáramos sobre el aprendizaje que supone enfrentarnos y/o superar un obstáculo. En ocasiones aunque hayamos pasado esa situación, nos centrarnos en el “porqué a mí”, lo positivo sería superar esa primera fase para pensar en el “qué puedo hacer si ocurre de nuevo”, es decir, ser resilientes, aprender, conocernos a nosotros mismos (lo bueno y a mejorar) y ser capaces de superarnos en cada dificultad, ya que de cada situación a resolver, estoy segura que somos capaces de encontrar un tesoro (un aprendizaje, una experiencia de superación, una demostración de confianza, etc…)

Para reflexionar sobre esto, ¿qué tal un cuento? es de Claudio M. Pérez B. y se llama “Obstáculos en el camino”

“Seis siglos atrás, en los dominios de un rey chino, había un crisis generalizada de motivaciones y el soberano, muy preocupado por su pueblo, se puso a pensar como despertar en algunos de sus súbditos algún interés por los bienes públicos. La gente no cuidaba los parques, si algunas piedras del Puente se derrumbaban, así quedaba ya que nadie las reponía. Los caminos eran horadados por bueyes sin ningún cuidado precisamente los días de lluvia, que era cuando más necesitaban ser protegidos de las ruedas de las carretas.
Una mañana el Rey colocó una gran roca obstaculizando unos de los caminos más importantes. Y cuando la gente de su séquito no lo observaba, escondio bajo la piedra una bolsa de monedas de oro; y después se escondió para observar la escena.
Estuvo largo tiempo observando a la piedra y la gente que pasaba, pero nadie se molestaba en sacar el obstáculo y peor aún, otros directamente la rodeaban y seguían su camino. Muchos se detenían a proclamar que las autoridades no tenían verguenza por no mantener los caminos despejados e inculpaban directamente al Rey; pero ninguno de ellos hizo nada para sacar la piedra del camino.
Un anciano vecino, que vivía en el condado más descampado, pasaba por allí exhausto con un fardo de leña sobre sus hombros; y la vio. Se detuvo, analizó que eso era un impedimento. Luego se aproximó a ella, puso su carga en el piso trabajosamente y trató con mucho esfuerzo de mover la roca a un lado del camino y quitar el obstáculo. La gente seguía pasando desinteresadamente. El pobre anciano, casi sin fuerzas, empujó y empujó y hasta llegó a fatigarse mucho, pero lo logró.
Mientras regresaba a recoger su fardo de leña, vio en el lugar donde estaba la piedra, una pequeña bolsita sobre la tierra. Se acercó, la tomó en sus manos y la abrió. Fué grande su sopresa cuando descubrió el tesoro que había en ella ya que las monedas de oro eran muchas. Cuando las tomo entre sus dedos, encontró un nota del mismo rey diciendo que el premio era para la persona que removiera la roca como recompensa por despejar el camino.
El campesino aprendió ese día que cada obstáculo puede estar disfrazando una oportunidad, tanto para ayudar a los demás como para ayudarse asimismo”

Sacado del libro http://www.bubok.es/libros/189255/Los-cuentos-que-usted-no-debe-dejar-de-leer-antes-e-morir


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Tiene calor…, originalmente cargada por rutroncal.

Animales y personas padecemos en verano las consecuencias de las elevadas temperaturas y/o humedad de nuestras respectivas ciudades de residencia…

Lo que debemos de tener en cuenta es que el calor, no sólo nos afecta físicamente, sino que también afecta a nuestro estado de ánimo, por lo que la pregunta que nos hemos de hacer es ¿estamos preparados para el calor que se avecina?


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Guapa, eh?, originalmente cargada por rutroncal.

Para mi, esta carita, es parte de mi felicidad…

El camino de la felicidad

Es la historia de un hombre que estaba harto de llorar. Miro a su alrededor y vio que tenía delante de sus ojos la felicidad. Estiró la mano y quería cogerla.

La felicidad era una flor. La cogió. Y nada más tenerla en su mano, la flor ya se había deshojado.

La felicidad era un rayo de sol. Levantó sus ojos para calentar su cara y enseguida una nube lo apagó.

La felicidad era una guitarra. La acarició con sus dedos, las cuerdas desafinaron.

Cuando al atardecer volvía a casa, el hombre seguía llorando.

A la mañana siguiente siguió buscando la felicidad. A la vera del camino había un niño que lloriqueaba. Para tranquilizarlo cogió una flor y se la dio. La fragancia de la flor perfumó a los dos.

Una pobre mujer temblaba de frío, cubierta con sus harapos. La llevó hasta el sol y también él se calentó.

Un grupo de niños cantaba. Él les acompañó con su guitarra. También él se deleitó con aquella melodía.

Al volver a casa de noche, el buen hombre sonreía de verdad. Había encontrado la felicidad.

E. Vietinghof